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sábado, 1 de mayo de 2010

Como mueve su pelo...

Hace rato que ha salido el sol, y todavía suena la música por los altavoces. Es maravilloso estar en la playa mientras amanece, después de llevar toda la noche de fiesta. Comienzas bebiendo con los amigos, se va juntando gente que conoces, que no conoces, normalmente siempre gente deseada (especialmente si son del sexo contrario). A la tercera copa la cosa se empieza a animar, más o menos pasadas las doce de la noche. El calor aprieta, pero te refrescas mediante alcoholes rebajados con hielo y refresco y conversaciones.
Más tarde, cuando la cosa está bien animada, pasada la una y media, entras en los garitos. Normalmente los conocidos han desaparecido tal y como aparecieron. Quizás se quedan algunas personas más íntimas al grupo, o más solitarias y aburridas. Se juntan los efectos de la bebida, la música, la luz, ver los cuerpos moviéndose, rozándose, rozándote… te envuelves en un estado de semi-inconsciencia maravilloso, aunque puedas controlar perfectamente tus actos, pero simplemente te dejar llevar. Te quieres dejar llevar. Y es la situación ideal para hacerlo.
A las tres y pico, para algunos la hora “greenpeace”, es cuando se empiezan a juntar, a unir debido a las atracciones entre personas. Es el cenit de la noche, y su duración depende en gran parte de la atracción anteriormente descrita. Sexo, o simplemente unos intercambios de saliva mezclados con roces corporales mientras suena la música, preámbulo del sexo, pero que hasta dentro de dos o tres horas no comenzará…
Son las siete de la mañana. El sol está a nuestra altura, pero ya no hacen falta las luces, se ve perfectamente, aunque no da mucho calor. Verónica sigue moviendo todo su cuerpo al son de la música que ahora sale de un móvil. Su melena va escondiendo y enseñando su rostro al son de una canción de Magan y Rodríguez. Si me muriera ahora mismo no me importaría, éste es el recuerdo que me quiero llevar a la tumba.


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