El otro día leí en una novela de Isabel Allende la siguiente afirmación: Quien, como todos los ingleses, trataba mucho mejor a los animales que a las personas. Siempre me ha llamado la atención ese trato preferencial que tiene la gente por sus mascotas frente a las personas. Pero mucho más que se las trate como si fuesen un ser querido, algo a mí parecer muy exagerado cuando oyes ciertas frases como es que es mi único hijo, refiriéndose a su; ¡no!, a su perro no, ¡¡¡a su coche!!!
Está claro que vivimos en una sociedad donde cada vez somos menos humanos, se nos motiva el conseguir cada vez más objetos y que éstos sean más importantes para nosotros y para nuestra vida. Del mismo modo nos volvemos más independientes del resto de personas, por lo menos emocionalmente y lo suplimos mediante cosas (un gran ejemplo podría ser sustituir el sexo con personas mediante, muñec@s de plástico u otros accesorios).
Respecto al cariño hacia las mascotas, creo que un poco de deshumanización también hay. Obviamente, somos animales, al igual que ellos, pero es una forma de desviar ese cariño que necesitamos, ya sea dar o recibirlo, a otras personas, debido a la distancia, o a la falta de tiempo que sacude a la sociedad actual. La verdad es que yo nunca he sido muy cariñoso con mis mascotas (bueno, no es que sea muy cariñoso en general), pero cuando por ejemplo, sacaba mi perro y le veía con esas ganas de correr, de salir de esa jaula a la que nosotros le llamamos piso, me jodía, porque me sentía como si le tuviese secuestrado en la ciudad, porque, además de tenerle encerrado en un hogar urbano, al sacarle de él, le tengo que llevar atado con una cadena. ¡Con lo feliz que se le nota en el campo!
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