No había vuelto a España desde que comencé a trabajar en Londres. Me contrataron en primavera y, por filosofía de empresa, no daban vacaciones hasta que no pasaba medio año, así que decidí esperarme y cogerlas para las navidades. Podía haber juntado días o algún puente, pero preferí socializarme con los compañeros de trabajo. Éramos muchos nuevos y jóvenes, lo que propiciaba un buen ambiente y quería asentarme. además, quería olvidarme de lo que me había ocurrido en Madrid el último año.
Lo que no esperaba era el recibimiento que iba a tener al bajarme del avión. Nada más salir de donde se recogen las maletas salí de tal estancia los vi, sonriéndome: mis padres, mi hermana, el pequeño, incluso mi tío Juan. Les devolví el gesto, totalmente natural, rompiéndose al verla, detrás de ellos, medio escondida. Se habían traído a Verónica.
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