-Papá, ¿por qué siempre nos dices que comamos fruta? Es un rollo.
-Pues porque es muy buena para la salud y, además, gracias a la fruta conocí a vuestra madre.
-Venga ya,,.
-Qué sí, os lo voy a contar.
>>Cuando era niño me pasaba como a vosotros, no me gustaba la fruta. Bueno, en realidad era que no me gustaba pelarla, era un rollo, como decís vosotros. Los abuelos siempre estaban con la fruta dichosa.
>>Una tarde, me dejaron solos. Tenía hambre, muchas ganas de comer chocolate. Antes no había bollos y nos daban para merendar pan con chocolate. Sí, no pongáis esas caras. Pues busqué en todas partes y no había. Tampoco había nada dulce, o al menos no lo encontré. Sólo fruta.
>>No me quedó más remedio que comerla y, no sé por qué, ese día me supo riquísima: el zumo, lo dulce que estaba... me comí cuatro mandarinas y dos manzanas. Creo que todavía recuerdo el sabor en la boca.
>>La semana siguiente hubo otra tarde en la que los abuelos me dejaron solos. Cuando me entró hambre, fui a la cocina, pero en lugar de buscar chocolate, busqué fruta. No había. Claro, después de la primera, comía bastante más de lo que solía hacerlo, y se compraba la misma que antes. Me comí el chocolate con desilusión. Cuando llegaron vuestros abuelos les eché una buena bronca. Ellos se rieron y me dijeron: 'toma, diez euros y te encargas tú de comprar la fruta'.
>> Al día siguiente, nada más llegar del cole, me fui a la frutería. Allí busqué la fruta que quería y llenaba cada bolsa metiendo todas las piezas que podía. Al ir a coger las peras, se me adelantó una mano y la toqué. Era una chica de mi edad, muy guapa, con unos ojazos verdes... Al principio me echó una buena bronca. Yo casi la agradecí. Ya tenía otra razón para comer fruta, coincidir con esa chica.
>>No la volví a ver hasta que pasaron tres semanas. Comía cada vez más fruta, en parte, para ir más veces a la frutería y encontrarme con esa chica. La dije hola, pero apenas me salía, de lo nervioso que estaba. Me ofrecí a ayudarla. Poco a poco, en cada encuentro, nos hicimos amigos, novios, y ahora es vuestra madre...
Los dos pequeños se quedaron con la boca abierta, la mayor me miraba con atención. Continué.
-Así que ya sabéis, la fruta sólo os puede traer cosas buenas, aparte de que es muy sana.
La mayor, ahora me miró con esos ojos tan listos, y me dijo:
-¡Venga ya! ¡Si me dijo mamá que os conocisteis en la uni! No cuela papi.
-Vale, era una argucia, pero comeros la manzana. Os la doy ya pelada y todo...
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