
Campeones de invierno, vacaciones de navidad, a mi lado la mujer más maravillosa del mundo, y no sólo por su cara y/o cuerpo, en un X6 negro, con tapicería de cuero también negra, escuchando el último cd de Pereza, circulando por las calles de Madrid, con sus luces de colores apareciendo por cualquier lado, ya sea de forma directa o a través de reflejos -las que más me gustan son las de los semáforos reflejadas- con ese aire de felicidad en el ambiente cuando ves a los padres con sus hijos abrigados hasta arriba con las manos totalmente ocupadas debido a los regalos que cargan, con esas bolsa plateadas, verdes, azules y rosas, o cuando te das cuente de que a pesar del frío, las calles están a rebosar.
Yo llevo un traje negro con rayas grises apenas visibles, de estilo italiano, con un chaleco italiano por debajo y una camisa blanca; algo clásico pero informal, incluso moderno, mientras ella lleva un vestido negro ajustado sin mucho escote con mangas hasta pasado el codo, por detrás le tapa la espalda igual que el pecho. Acaba por encima de la rodilla. Poco maquillaje, apenas se percibe, algo de rímel en las pestañas y un poco de pintalabios del mismo color que su boca. El pelo azabache suelto. Preciosa. Aunque también elegante.
Llegamos al restaurante, el cambio de luz es importante, pero no lo suficiente para que moleste aunque lo notes bastante; la mayoría de los compañeros ya han llegado con sus mujeres excepto Lenilson, Da Rocha y M'bake, que ni tienen ni quieren sentar la cabeza. Nos sentamos de espaldas a la pared; cuestión de seguridad, y porque no me gusta dar la espalda a nadie, y menos a los directivos y a los técnicos, los cuales están en la otra mesa, antes de las ventanas tipo vidrieras. Creo que hace 2 años que no pruebo otro alcohol que el vino. Al entrar he visto la botella de Legendario y he recordado lo que me gustaba el ron cuando hacía botellón en el instituto. Creo que por una copa no pasa nada, esta noche está para disfrutarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario