-Pero, ¿cómo le soltaste eso? ¿no estabas con ella por entonces?
-Bueno, quedábamos y tal, pero desde el principio los dos dejamos claro que no queríamos nada serio, aunque luego se nos fuese de las manos...
-Joder, ¡qué os liastéis a hostias en mitad de los pasillos!
-Tampoco fue para tanto... Nos seguimos hablando.
-Bueno, os saludáis.
-Vale, algo es algo, ¿no?
Ninguno de los dos nos queríamos ir a casa. Siempre liábamos a los demás para tomar otra "última". A veces lo enmascarábamos con quedarnos a estudiar, pero nunca estábamos más de una hora en la biblioteca, y de esa hora estábamos la mitad del tiempo tonteando. Yo creo que más que atracción era mútua necesidad, o simplemente comodidad; los dos queríamos lo mismo y lo sabíamos, así que "pa'lante".
Todo empezó una tarde en la que nos quedamos a comer con Lorena, pero ella tenía que entrar a currar a las cinco, así que enseguida nos quedamos solos.
El primer descanso fue a las cuatro, para acompañarla hasta el autobús y aprovechar para fumarnos un piti. Volvimos al estudio casi a las cinco, y con ella no estuvimos más de diez minutos. A las seis menos cuarto ya estábamos fuera, y como merienda empezamos con las cervezas. Creo que nos gastamos diez euros cada uno. y eso que por entonces costaban un pavo. Volvimos a la biblioteca justo antes de que la cerrasen, recogimos las cosas, las dejamos en mi coche, y fuimos al centro en metro, porque yo no estaba para coger el coche, y ella igual.
Apenas recuerdo en que garitos estuvimos, sólo la recuerdo a ella riéndose, con su melena por mitad de la espalda, de su camiseta negra, tapándole media cara por cada carcajada, sentados en el mismo sillón, con sus¡s piernas acabadas en unas happy-luck negras con dibujitos, alrededor de mi cintura y las mías alrededor de la suya, con una heineken ambos en una mano y un cigarro en la otra. Y acabamos en el callejón del colegio ese que hay en Tribunal, mientras algún gracioso hacía algún comentario.
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