Nos encanta hablar de los demás, opinar sobre su vida. Bueno, en realidad, criticar lo que hacen. Siempre uno está peor, siempre. Es que tú no sabes lo que me pasa, eso sí, yo hablo de ti y de tus circunstancias como si las conociera mejor que tú mismo. Tú qué sabrás. Y, casi siempre, se critica de las cosas que no son objetivas, de aquellas que no se pueden valorar mediante medios comunes. Qué bien vives. Nos unimos para criticar a tal persona, después con esa persona a la que has criticado para poner a parir a quien te apoyó a criticarlo.
Ese punto de vista negativo, el yo estoy peor, yo más desgraciado, esa lucha por la compasión, por la envidia, aunque luego no te cambiaríais por esa persona, porque claro, más vale lo malo conocido que lo bueno y maravilloso por conocer, esa pelea por conseguir la compasión de los demás, eso que te miren y puedas leer en sus ojos: "pobrecillo". Esa postura belicosa sin razón tan eterna que hace que nos destruyemos como conjunto y, por tanto, también como individuo. Esa guerra con los otros.
lunes, 19 de diciembre de 2016
Los otros
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario